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Tras la germinación de una espora se forma el cuerpo vegetativo o talo del hongo. El talo fúngico más típico es filamentoso (en verdad, los hongos podrían considerarse como pelusas dotadas de vida), y recibe el nombre de micelio. Cada filamento individual del micelio es una hifa. Las hifas pueden estar divididas por tabiques (septadas; figura 1A y figura 2) o carecer de ellos (cenocíticas; figura 1B y figura 3), salvo para separar las estructuras reproductoras. Los tipos de septos varían en los distintos grupos fúngicos. En otras ocasiones el talo es unicelular (fig. 4), levuriforme (es decir, con aspecto de levadura; fig. 5) o consiste en un rizomicelio (fig. 6), un plasmodio (fig. 7) o un pseudoplasmodio (el significado de estos términos se verá al tratar los diversos grupos fúngicos). Hay hongos dimórficos que pueden existir tanto en forma miceliar como levuriforme.

 

Salvo las excepciones que se dirán, los hongos poseen una pared celular multilaminar, compuesta habitualmente de quitina, aunque ciertos grupos presentan celulosa u otros polisacáridos. En ocasiones pueden acumular cristales de oxalato y otras substancias.

El crecimiento de las hifas suele ser apical (el difuso es raro, y se da en las esporas). En el retículo endoplasmático se forman vesículas llenas de material, que pasan a los dictiosomas y de allí al ápice hifal, donde se depositan esas sustancias. Dicho de forma más sencilla: las hifas de los hongos crecen por los extremos, en los cuales se va agregando material sin cesar. Respecto a la velocidad de crecimiento, la mayor medida es de Geotrichum candidum, que en condiciones óptimas puede doblar su tamaño en 1,1 hora (fig. 8). En cambio, algunos líquenes crustáceos, en condiciones extremas, sólo crecen 0,01 mm por año.

Es conocida la expresión «proliferan como hongos». Llama la atención la velocidad con que aparecen las setas en otoño, o la rapidez con que una fruta se cubre de moho. En general, ¿por qué crecen tan rápido los hongos? El secreto está en su forma. Un cuerpo construido a partir de una maraña de hilos finísimos posee una relación superficie/volumen enorme. Mientras que nosotros, criaturas grandes con relación superficie/volumen muy baja, necesitamos de un sistema circulatorio, un sistema respiratorio y un sistema digestivo muy activos para poder adquirir nutrientes y eliminar desechos, los hongos, en su simplicidad, tienen una superficie de intercambio increíblemente grande. Por tanto, pueden asimilar nutrientes con facilidad, y deshacerse de los residuos sin problema. Si hay alimento suficiente, y las condiciones ambientales son idóneas, los hongos son imparables. Y ello se debe, sobre todo, a una forma corporal simple pero efectiva.

En condiciones de ingravidez (o en un medio líquido), los hongos crecen de forma esférica; en una superficie plana lo harán circularmente (fig. 9). Tal es el origen de los corros de bruja, esos curiosos anillos que forman a veces las setas en el campo (fig. 10). Las setas son los cuerpos fructíferos que se producen en los bordes de un micelio que no está a la vista, sino bajo tierra. También en los hongos microscópicos es muy frecuente esa distribución circular o concéntrica de los cuerpos fructíferos (fig. 11). El tamaño de los micelios en la naturaleza puede llegar a ser asombroso, aunque es difícil de medir. Mediante técnicas moleculares se puede averiguar si las hifas recogidas del suelo pertenecen al mismo individuo. Así, se ha estimado que un clon de Armillaria norteamericano llegó a alcanzar una extensión de más de 890 ha.

Los orgánulos celulares de los hongos verdaderos contrastan con los de otros eucariotas (incluso oomicetos y pseudohongos relacionados). Las crestas de las mitocondrias son aplanadas, no tubulares, y el aparato de Golgi es muy simple. Los núcleos fúngicos son bastante pequeños. Algunos pueden pasar a través de los poros de los septos de una célula a otra. Las mitosis son peculiares, y básicamente intranucleares (no hay desintegración de la membrana nuclear). Los cromosomas son pequeños, y su recuento es difícil.

El micelio de las distintas especies de hongos suele ser bastante similar y es necesario recurrir a las estructuras reproductoras para su identificación. No obstante, los hongos pueden generar ciertas estructuras vegetativas, a veces muy características. Dichas estructuras no están formadas por verdaderos tejidos originados en meristemos, sino por agrupación de hifas, de forma más o menos paralela (prosénquima; fig. 1C y fig. 12), o muy compactadas, tanto que las hifas han perdido su individualidad y recuerdan a un verdadero tejido (pseudoparénquima; fig. 1D y fig. 13). En general, los tejidos fúngicos reciben el nombre de plecténquimas. Las estructuras vegetativas más frecuentes formadas por los hongos son:

  • Haces miceliares: reunión de hifas paralelas, más o menos entretejidas y no diferenciadas (fig. 14).
  • Rizomorfos: (Fig. 1E y fig. 15) Especie de cordones formados por hifas paralelas, con una diferenciación entre la parte interna (médula) y la externa, más compacta.
  • Esclerocios: (Fig. 1F y fig. 16) Masas redondeadas y negruzcas de naturaleza pseudoparenquimática, con diferenciación entre corteza y médula, llenas de sustancias de reserva y empleadas por el hongo para la supervivencia en condiciones desfavorables. Algunos géneros, como Verticillium, fabrican microesclerocios.
  • Clamidósporas: (Fig. 1G, fig.17 y fig.18) Esporas de resistencia formadas a partir de células del micelio, que se rodean de una pared gruesa y acumulan sustancias de reserva.
  • Estromas: (Fig. 1H y fig.19) Estructuras pseudoparenquimáticas de formas diversas, cuya misión es servir de soporte a los cuerpos reproductores. No se deben confundir con los esclerocios.
  • Vainas de micorrizas: especie de manto fúngico que las ectomicorrizas forman en torno a las raíces de las plantas.
  • Trampas: hay hongos capaces de cazar nematodos y otros animalillos mediante trampas adhesivas o de lazo (fig. 20).
  • Haustorios: estructuras que los hongos biotrofos introducen en las células de sus hospedantes para alimentarse. No rompen la membrana plasmática (fig. 21 y fig.22).
  • Apresorios: estructuras en forma de cojín adhesivo, para pegarse al sustrato (fig. 23. A partir de ellas pueden finas hifas de penetración, capaces incluso de agujerear materiales inertes, como finas láminas de metales y plásticos.
figura 21

Figura 21

Los hongos no necesitan luz para crecer, ya que no poseen clorofila. Sin embargo, en muchos casos es necesaria para la esporulación. Por ejemplo, Botrytis o Alternaria deben recibir una determinada longitud de onda luminosa para formar sus conidios (fig. 24). Ciertos cultivos de hongos han de ser sometidos en el laboratorio a un ciclo día/noche con luz UV para que produzcan esporas.

Respecto a su modo de alimentación, los hongos no suelen complicarse la vida. Si dan con una fuente de alimento, la pudren y absorben los resultados de la putrefacción. Para ello, segregan enzimas que descomponen su comida, y ya está. Por cierto, los hongos que se alimentan de materia orgánica muerta se denominan saprofitos.

También hay hongos parásitos, que se alimentan de otros seres vivos. Para ello, las estrategias son varias. Los hongos pertótrofos o necrótrofos se alimentan por medio de enzimas y toxinas que matan las células, y luego medran en sus restos mortales. En otras palabras, se comportan como los saprofitos del párrafo anterior; el hecho de descomponer materia viva en vez de muerta no les supone mucha diferencia. En cambio, los biótrofos son parásitos obligados que se alimentan sólo de células vivas. En muchos casos lo hacen mediante haustorios. Los hemibiótrofos son primero biótrofos, pero acaban matando a las células y convirtiéndose en necrótrofos.

En cuanto a los requerimientos nutricionales de los hongos, se pueden encontrar variaciones para todos los gustos. Hay algunos que pueden crecer sólo con glucosa y algún compuesto nitrogenado; en cambio, otros son muy exigentes respecto a factores vitamínicos, y sólo medran en determinados sustratos o en ciertos hospedantes. Algunas especies son capaces de descomponer (y zamparse) las cosas más peregrinas (queratina, quitina, pintura plástica, fungicidas, queroseno...).

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