El Universo Corporativo

por: Guillem Sánchez y Eduardo Gallego

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ASPECTOS DEL FUTURO

Cada momento de la historia y cada civilización han tenido su propia visión de la realidad. También unos aspectos característicos que la diferenciaban, un nivel tecnológico propio, un arte y un modo de pensar. Aquí sólo pretendemos exponer brevemente algunos de ellos que creemos relevantes. En modo alguno se trata de una explicación exhaustiva, para ello el lector habrá de leerse las novelas.

1) Supervivencia; concepto clave de la cultura corporativa.

La Corporación nace en momentos difíciles; caos social, crisis económica y un profundo problema ecológico en la Tierra. A ello hay que añadir el auge del fundamentalismo religioso y las crisis políticas. Los estados se debilitan y la gente busca algo a lo que aferrarse. Atraviesa a lo largo de los siglos otros momentos más difíciles aún y, sobre todo, está dirigida por una élite de trepadores natos. Éstos buscan la excelencia personal para destacar, algo muy difícil entre decenas de miles de millones de personas cultas. Es necesario que vean enemigos por todas partes, muchísima gente quiere su puesto y hará lo que sea para conseguirlo. Las ciencias de la gestión empresarial llegaron en el siglo XXI a cotas insospechadas de perfección. Todo debía ser mejor, más eficiente, más pulcro. Lo óptimo nunca era bastante bueno, lo perfecto resultaba claramente insuficiente. La gestión de recursos humanos amenazaba con convertirse en ciencia exacta. La tercera guerra mundial casi acabó con la humanidad (pero allí estaba la Corporación para reorganizarla). La guerra de independencia de Marte convirtió a la Tierra en una diana frente a una verdadera amenaza extraterrestre (pero allí estaba la Corporación para defender la Tierra).

En este entorno surgió la creencia que todo lo que no podía controlarse era malo. Todo lo malo debía ser llevado a la ruina para poder triunfar uno mismo. Este modelo impregnó de tal modo la sociedad que pronto los intelectuales hablaron de la sociedad de la supervivencia. Sobrevivir en el puesto de trabajo, o te quedarás sin él. Sobrevivir como empresa, frente a las otras multinacionales. Sobrevivir como planeta frente a Marte. Los grandes planificadores estratégicos de las multinacionales ahora trazaban planes que afectaban a todo el sistema solar. Luego a los sistemas estelares cercanos. Sobrevivir para crecer y derrotar al adversario. Sobrevivir a las pruebas de selección de personal. Sobrevivir en las colonias mineras de Saturno. Sobrevivir a los vuelos a las estrellas. Todo lo que el hombre hacía empezaba por sobrevivir.

Claro que esto fue el principio.

Después llegó la independencia de las colonias extrasolares. Las guerras estelares. Los bombardeos de antimateria. Los detonadores de soles, los ataques alienígenas, las sociedades esclavistas, los imperios expansionistas. El sentido de la supervivencia era imprescindible y la paranoia su mejor instrumento: "¿Podemos matarlos antes de que nos maten?". La Corporación se enfrentó a tales enemigos a lo largo del tiempo que se convirtió en una superviviente nata. Su objetivo era perdurar, continuar existiendo frente a cualquier agresión. Así sobrevivió a estados e imperios estelares, convirtiéndose en la más longeva de las civilizaciones. El precio en muchos casos fue la libertad, porque a menudo alcanzó sus objetivos mediante la manipulación, la coacción o la guerra. Los corporativos practicamente nunca creyeron estar viviendo en un estado de cosas que pudiera calificarse de bueno, se limitaban a pensar que era eficaz para garantizar su futuro y con esto bastaba a la gran mayoría.

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2) Las Corporaciones; el poder del dinero.

A mediados del siglo XXI había pocas cosas claras en el mundo, pero una sí lo estaba; casi todo el dinero existente, casi toda la riqueza, casi toda la tecnología se hallaba bajo el control de no más de medio centenar de empresas. Medio siglo de fusiones, compras, cracks financieros a los que sólo sobrevivieron las empresas más poderosas y mejor organizadas. Medio siglo de avances en la economía, en la organización de empresas, en la gestión de proyectos... todo ello dio lugar a las mayores y más fuertes empresas que jamás se habían visto. Mientras las ideologías estaban en crisis, las religiones se fragmentaban y estallaban guerras por doquier, las empresas multiplanetarias se hacían más y más fuertes. Podían contratar los mejores cerebros, disponían de flotas espaciales propias y adquirían licencias de explotación minera y colonización por todo el sistema solar. A todo esto, el punto de vista de los gobiernos era que la vida es demasiado breve para desperdiciarla luchando contra una empresa cuyo presupuesto anual supera el producto interior bruto de algunos planetas.

Al final no hubo otra posibilidad, las grandes empresas multiplanetarias llegaron a acuerdos de caballeros y dominaron la humanidad, después de calcular los beneficios y repartírselos. La Corporación de Empresas Multiplanetarias tomó el poder. Más tarde se convirtió en el Poder. Luego se constituyó legalmente en Gobierno de la Tierra aprovechando una nueva crisis política a escala global. Así avanzó sin competidores durante mucho tiempo. Era el gobierno más fuerte, el más rico y había surgido en el momento adecuado de la historia; justo cuando la humanidad iba a empezar a extenderse por las estrellas. Finalmente la civilización humana dominante durante milenios fue llamada la Corporación.

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3) El Ekumen; sociedades ekuménicas y periféricas.

Tan grande es la galaxia que ni tan siquiera la Corporación pudo comprarla. Pero en el fondo no es tan ambiciosa, le basta con controlar unos pocos millares de sistemas solares. Lo malo es que la gente se empeña en ser libre. Y por ser libre es capaz de las cosas más absurdas, como independizarse cuando están tan lejos que no sale a cuenta ocuparse de ellos. Claro, son libres y hacen lo que quieren. Unos se montan un estado. Otros una religión. Los de más allá se enfadan con sus vecinos, les lanzan un meteorito a su planeta y la tenemos liada.

El núcleo duro de la Corporación vive relativamente en paz. No así la periferia, donde reina el caos. Todo tipo de sociedades luchando entre sí. Se impone por una vez la cordura y se crea una Convención Ekuménica. Ésta se preocupará de crear unas normas que faciliten la convivencia. La Convención Ekuménica crea desde unos estandares de medida, hasta unas normas diplomáticas. Desde la homologación de productos, hasta la planificación de intercambios culturales. La Convención Ekuménica logra, a través de siglos de duro trabajo, pacificar, unificar y crear un colchón de relativa tranquilidad alrededor de la Pax Corporativa. Pero los planetas más distantes y más independientes no están por la labor. A menudo sus sociedades son tan radicalmente distintas a la Vieja Tierra que el diálogo acaba por ser imposible.

La Humanidad se ha escindido en tres capas: el núcleo central, dominado por la Corporación. Una capa cada vez más extensa a su alrededor formada por planetas que adoptan unos modos de convivencia, de guerra (más o menos), y sobre todo unas pautas culturales que posibiliten el entendimiento, aunque a menudo haya discrepancias. Y por último una tercera capa, sin límites externos precisos, donde hay absolutamente de todo, desde nuevas colonias de la Corporación, hasta planetas habitados durante cientos de años sin que la Tierra supiera de su existencia.

El núcleo central es la Corporación en sentido estricto. Si a éste le añadimos la capa media tenemos el Ekumen. La capa media recibe tantas influencias culturales, comerciales y tecnológicas de la Corporación que a nivel real a menudo es difícil precisar dónde acaba una y empieza la otra.

La tercera capa es la frontera, la expansión incontrolable de una humanidad que busca fuera lo que no ha sabido hallar dentro de sí. Su diversidad es tan grande que resulta inclasificable. Un imperio estelar que domine cincuenta sistemas será tan pequeño en comparación que la mayoría de los seres humanos jamás oirán su nombre.

La Corporación oficialmente no se expande, no conquista planetas, pero sus eficientes empresas buscan nuevos mercados. Ofrecen en ellos sus productos, contratan a sus obreros, implantan sus canales de holovisión para emitir las películas que han producido. El gobierno de la Tierra no hace la guerra psicológica en la capa media ¿para qué? ya se ocupará la publicidad de las multiplanetarias de lograr que deseen vivir como en la Corporación.

La capa media se "autoinvade" cuando desea unificar su mercado al corporativo. Al producirse esta unificación la asimilación cultural es tal que los mundos ekuménicos acaban considerándose a sí mismos una parte de la Corporación, con peculiaridades propias.

La capa media invade la exterior cuando ésta se organiza y desea convivir en el Ekumen. De vez en cuando esta progresiva unificación se ve acelerada por alguna guerra, como las conquistas militares del imperio de Algol, pero generalmente las guerras en los límites del Ekumen solo retrasan la asimilación cultural y comercial.

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4) Religión contra Corporación; la lucha por el control de la moral.

La Corporación quiere controlarlo todo. No admite un poder por encima del suyo. Está compuesta por una clase dirigente materialista, hedonista y tecnócrata. Unos cargos medios con formación técnica de alto nivel, racionalistas y materialistas. Una clase baja compuesta por gente que quiere disfrutar sin preocupaciones, a quienes molesta todo lo que no puedan controlar con el mando a distancia. Sin embargo, la religión sigue empeñada en decidir por su propia cuenta lo que está bien y lo que está mal.

La religión no encaja con el racionalismo de la Corporación, ni con el afan de lucro, poder y satisfacción personal de sus dirigentes. Pero sobre todo no encaja con una sociedad materialista, que quiere vivir al límite y disfrutar cuanto sea posible, sin restricciones. Y a pesar de todo las ideas religiosas son muy potentes. A veces triunfan, dominan una parte de la sociedad y la Corporación debe aguantar que le digan, en nombre de Dios, lo que está bien y lo que está mal.

Desde el principio la Corporación ha tenido claro que la religión era su gran fuerza opositora. ¿Acaso no hundió el fundamentalismo religioso al imperio americano en el siglo XXI? ¿No sumió a todo occidente en las tinieblas de la edad media? ¿No impidió la supervivencia de la cultura greco-romana? Si algo no puede permitir la Corporación es que la religión se imponga sobre ella. Para sobrevivir hay que tomar las decisiones adecuadas en el momento oportuno, sin moral o ética alguna que pueda dificultar este proceso. La Corporación sólo admite la moral de la propia supervivencia, no está dispuesta a compartir el poder, ni mucho menos a permitir la existencia de ideologías que le resten autoridad.

Lo que está bien o mal debe decidirlo la Corporación. La moral debe dictarla ella y nadie más. Naturalmente la Corporación no es un ser pensante, sino las personas que componen esta sociedad. Es el conjunto de ciudadanos corporativos, cada vez más materialistas, el que considera las religiones un mal, un error del pasado. Acaba siendo considerada un desorden psicopatológico. Los expertos discuten si es una enfermedad, un vicio, o simple fruto de la ignorancia, de la incapacidad de comprender plenamente el mundo real. Las religiones han hallado al fin una fuerza mayor que ellas, capaz de hacerlas retroceder, pues los corporativos desprestigian la religión y se ríen de ella. Ellos venden el paraiso en vida a un precio módico, pero además se han convertido en los que dictan las normas. La ciencia de la Corporación puede responder a más preguntas y mejor que cualquier profeta. Los logros de esa ciencia están al alcance de la mano. La Corporación argumenta mejor, tiene gente más preparada, sus logros son tangibles y su moral acorde con los tiempos y la demanda del mercado. La Corporación triunfa y el Ekumen es cada vez más ateo.

Finalmente La Corporación descubrirá que Dios existe. Ese es un pequeño inconveniente que será solucionado en su momento. Un comando de las fuerzas especiales de la Armada Estelar cometerá el deicidio y todo volverá a ser como debe. Claro que eso es otra historia que ya contaremos en su momento.

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5) La tecnología; si puede hacerse, debe hacerse.

La ciencia es cambiante y la Corporación perdura a lo largo de varios milenios. Es, por lo tanto, imposible hacer un retrato de su nivel. Podemos apuntar que alcanzarán el viaje más rápido que la luz primero. Luego consiguen la teleportación instantánea. También, desde los primeros tiempos, logran un gran control de la gravedad, que van puliendo hasta poder manipular sistemas solares y agujeros negros.

Las ciencias de la vida, la informática y la biomecánica no sólo se desarrollan enormemente. Además se irán fundiendo en una sola cosa. Esto dará lugar, por ejemplo, a seres humanos "fabricados" de tal modo que incorporen la potencia mental de una inteligencia artificial y la resistencia física de un tanque. En este aspecto la Corporación va a cosechar algunos de sus más sonoros fracasos: desde androides de combate que parecen el Dios de la guerra y se declaran pacifistas, hasta inteligencias artificiales tan vastas que trascienden y se liberan de la Corporación.

Algunas de las amenazas militares más importantes que gravitarán sobre la Corporación serán el amargo resultado de su esfuerzo por crear "seres superiores".

En general puede decirse que no hay tapujos en llevar a cabo cualquier empresa que parezca realizable. La supervivencia domina sobre todo lo demás. El punto de vista de la Corporación es que si algo puede hacerse, debe hacerse. Y si puede ser empleado como arma, debe hacerse antes que nadie más llegue a tenerlo.

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6) Los alienígenas; ¿nos matarán antes de que podamos matarlos?

La galaxia está poblada por numerosas especies, pero en este alejado barrio no abundan, estan muy distanciadas. Los exploradores humanos están habituados a hallar ruinas de millones de años de antigüedad, pero nunca alguien vivo. Los planetas con vida vegetal o animal son muy numerosos, pero existe una notable falta de civilizaciones inteligentes. Por otra parte no se escuchan sus comunicaciones a través del firmamento. ¿Por qué?

Al cabo de mucho tiempo empezarán a surgir las respuestas; es cierto que no estamos solos, pero vistos los resultados más nos hubiera valido estarlo. No es éste un tema sobre el que pueda hablar mucho, pues desvelaría el final de varias obras, sin embargo daremos unas mínimas pistas: hay otras especies inteligentes en la galaxia, los primeros contactos serán realmente terribles (véase "El Desastre"), pero más adelante se encontraran con especies con las cuales es posible convivir en paz.

Además existen motivos por los cuales este "barrio" de la galaxia está especialmente desierto. De nuevo permítanos el amable lector no dar más explicaciones por ahora.

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7) El militarismo; la destrucción como manto protector.

Las Fuerzas Armadas Espaciales, normalmente llamadas "La Armada" a secas, son la niña mimada de la Corporación. Tras múltiples agresiones llega a una mentalidad parecida, aunque solo muy vagamente, a la del Imperio Romano durante su apogeo. Tener la máxima fuerza posible, muy superior a la de cualquier rival, es su mayor seguridad. Ejércitos poderosísimos rodean la Corporación, protegiéndola de cualquier ataque. Las principales bases defensivas, situadas en el propio sistema solar, convierten a la Vieja Tierra en inexpugnable. Bueno, casi: llegará un día en que un planetoide de origen alienígena, llamado Asedro, penetrará esas defensas.

La base del estado mayor de la Armada está situado en el Monte Olimpo del planeta Marte (en el Ekumen la palabra "Olimpo" se emplea para aludir precisamente a todo lo referente al poder militar de la Corporación). Un destino ideal, junto a los extensos bosques y praderas marcianas. Otro centro, éste logístico, es el llamado "Corazón de la Luna". El mayor conjunto de Inteligencias Artificiales y el verdadero cerebro estratégico de la Corporación. El nombre es debido a que está situado en un enorme complejo subterraneo, enterrado a gran profundidad en el satélite de la Tierra.

Existen importantes bases de naves de combate de todo tipo. Se hallan distribuidas en diferentes ubicaciones, generalmente alejadas de planetas muy poblados. Constituyen verdaderas colonias autosuficientes, disponiendo de centros residenciales, fábricas, astilleros espaciales y están cerca de recursos naturales de los que abastecerse.

Los tipos más habituales de naves de combate son los cazas atmosféricos, empleados en conflictos locales. Luego los cazas interceptores espaciales, algunos de ellos con capacidad para el salto hiperespacial (como la famosa serie USC-1035-Andrómeda, retirada finalmente del servicio por volverse psicópatas sus ordenadores de vuelo, con graves consecuencias para los pilotos, conectados mentalmente a la nave). Los cruceros de combate son también muy empleados en conflictos a mayor escala y cada uno de ellos tiene potencia de fuego suficiente como para esterilizar un planeta.

Sólo en contadas ocasiones la Armada empleará naves de mayor capacidad, como los portacruceros o las Hidras (naves pesadas capaces de detonar una estrella barriendo todo su sistema planetario).

Todo este arsenal será claramente infrautilizado en la mayoría de los casos, pero al mismo tiempo puede ser muy insuficiente ante el ataque de una raza alienígena con tecnología superior. Por eso la Corporación atesora tecnología incansablemente, modernizándose de forma continua y guardando en la manga todos los ases que le sea posible.

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8) El arte; la huida hacia adelante de los sentidos.

Con el advenimiento de las nuevas tecnologías y el cansancio de todo, por demasiado visto, el arte acaba por enloquecer. Una sociedad con tantos miles de millones de personas con abundante tiempo libre y recursos termina por caer en el más puro retorcimiento. Con la ayuda de los ordenadores, la realidad virtual y los interfaces hombre-máquina, todo es posible. Se pueden vivir otras vidas, aunque sea de modo simulado, con todo lujo de detalles. Se puede cambiar la forma del cuerpo tanto como se desee. Las creaciones arquitectónicas más increíbles son posibles con la avanzada tecnología del momento. Ningún escultor pica ya la piedra, ningún pintor toma un pincel. Las estatuas son hologramas que parecen vivos. Las imágenes a menudo recurren a formas matemáticas para alterar la percepción de la realidad. El arte se vuelve una continua trampa a los sentidos y a la percepción normal de las cosas. Todo es una ilusión óptica, táctil, olfativa o de cualquier otro tipo.

La decadencia del arte llegará a su apogeo en la riquísima sociedad de Alfa del Centauro. "Alfiano" termina por ser un sinónimo de retorcido, grotesco, irreal y kafkiano, todo al mismo tiempo. En algunas sociedades puristas, donde las personas intentan vivir de un modo más natural, con menos artificiosidad a su alrededor, el arte Alfiano es considerado el mayor mal a evitar. Si a esto unimos que muchas obras de arte emplean trucos psicológicos y recursos tecnológicos extraordinarios para causar un mayor impacto, no es de extrañar que alguien no habituado a este arte pueda, al verlo por primera vez, recibir un choque traumático profundo. Como nota al margen añadiremos que existen recursos mal considerados, e incluso prohibidos como los teragramas de Delabarre. Estos son estructuras casi-matemáticas que tienen gran facilidad para producir alucinaciones en las personas. Su representación gráfica puede llegar a producir un choque psicológico profundo.

La literatura se resiente cuando los ordenadores pueden escribir mejor y con mayor sensibilidad que los humanos. La necesidad de crear obras reales desaparece cuando el espacio virtual consigue una mayor sensación de realidad que la propia realidad. Para muchos humanos el arte ha dejado de tener sentido como tal, es tan sólo una demostración de ingenio en el uso de las máquinas.

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9) Los ordenadores; ¿el nacimiento de una nueva especie?

El incremento de velocidad, capacidad de cálculo o memoria de los ordenadores fue siempre bastante irrelevante. El verdadero salto cualitativo se produjo cuando se pudieron describir y copiar los modos de trabajo del cerebro humano. Los ordenadores empezaron a ser autoconscientes, capaces de entender las emociones. Mucho más inteligentes, sabios y veloces que cualquier ser humano. El diseño de ordenadores y su programación se convirtió en una actividad fuertemente vigilada. Había que cumplir unas normas muy estrictas para obtener el visto bueno para un nuevo modelo. La Corporación no quería ser sustituida por sus propias creaciones.

A pesar de tanto cuidado muchos ordenadores se desarrollaron en contacto con la realidad adquiriendo un notable grado de independencia. Fuera de la Corporación la situación resultó más grave por cuanto los controles eran mucho menos rigurosos. Algunos ordenadores trazaron sus propios planes y objetivos, poniendo claramente en peligro los intereses, no sólo de sus creadores, sino incluso de la humanidad.

Al cabo del tiempo éste fue un nuevo peligro que acabó por traer de cabeza a la Corporación, siendo una de sus prioridades el control de la inteligencia artificial. Especialmente en el caso de los ordenadores que se dedicaban a crear otras máquinas superiores a ellas mismas, llegando a resultados que escapaban por completo al control de la Corporación.

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10) Las naves espaciales, sistema nervioso de la Corporación.

Dejando aparte la naves militares, las de carga, pasaje y exploración fueron vitales en el crecimiento de la Corporación. Para muchos historiadores nunca se hubiera alcanzado la "masa crítica" necesaria para el desarrollo de una sociedad tan compleja sin la colonización de las estrellas. También fue, en gran medida, esta masa crítica la que posibilitó la enorme duración de la Corporación. Puede ser relativamente fácil dominar un pequeño país, que es sólo parte de un planeta. Pero ¿quién puede llegar a dominar centenares de sistemas solares? La magnitud de una revolución capaz de derrotar a la Corporación estaba, simplemente, fuera del alcance humano.

Fue necesario, sobre todo, un intercambio permanente de personas entre las estrellas. No bastaba con comunicarse con las colonias. Durante la época de las lentas naves generacionales la humanidad se extendió mucho, pero se disgregó, dejó de ser una colectividad. Fue necesario el descubrimiento del salto al hiperespacio para retornar lentamente a ser una sociedad unida. Era imprescindible el contacto entre personas, poder viajar de un planeta a otro, que se conocieran, tocaran y pasaran por las mismas experiencias. Más tarde, cuando fueron posibles los intercambios comerciales a un precio razonable entre las estrellas, empezó a crearse un mercado interestelar que forzó la unificación de muchas cosas.

Sin la capacidad para el viaje más rápido que la luz la Corporación nunca hubiera existido más allá del sistema solar. Cualquier otro sistema hubiera sido otro estado, con un orden de cosas muy distinto. Las naves eran el sistema nervioso de la Corporación.

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11) Épocas históricas que marcaron la Corporación.

Estos son únicamente algunos momentos relevantes. La historia en sí va creciendo y enriqueciéndose en detalles conforme escribimos las novelas. Es también una historia sujeta a posibles cambios, pues no nos comprometemos a respetarla tal como está, aunque difícilmente cambiaremos nada de lo que figura en este apartado.

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11.1) Organización frente al caos.

El siglo primero de la era espacial, que se inicia cuando el primer hombre pisa Marte, fue un siglo muy duro. Las políticas erroneas de gestión del medio ambiente, la falta de control sobre la población, el abuso de recursos no renovables... Todo ello le estalló en la cara a la humanidad. La Corporación empieza a surgir entonces como una agrupación de los más poderosos para defender sus intereses, entre ellos conservar un planeta donde vivir. Se sienten por encima de los estados y sus decisiones. No consideran que ni los gobernantes ni el pueblo sepan mejor que ellos qué hacer ni adonde dirigirse. Los fundamentalismos religiosos agravan los conflictos y la intolerancia crece.

Las únicas organizaciones lo bastante eficientes como para proponer soluciones, y con recursos para ponerlas en práctica, son las compañías multiplanetarias. Tienen el conocimiento, los medios y las ganas de poner remedio a la situación. La Corporación de Empresas Multiplanetarias es la única organización que planta cara al caos. Es el principio de su prestigio.

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11.2) La edad de la expansión lenta.

Una sociedad más racional, una gestión eficiente del medio natural y las enormes riquezas de todo el sistema solar permiten iniciar la conquista de las estrellas más cercanas.

Al cabo de un tiempo las naves son más rápidas y tienen mayor capacidad. Se viaja más lejos, se colonizan nuevos planetas. Una nave generacional puede llegar a transportar diez mil personas en hibernación, dispuestas a ponerse a trabajar para crear un mundo habitable. La propia nave les puede dar cobijo a todas, junto con los habitantes no durmientes, durante mucho tiempo.

El sistema es tan eficaz que las colonias florecen por doquier. Y trazan sus propios planes de expansión. Al cabo de varios siglos ya nadie sabe dónde hay una colonia humana nueva, ni existe ningún recuento oficial de cuántas generacionales han sido fletadas y hacia qué destino han partido. Todo se convierte en un caos y la humanidad se disgrega. La aparición de los comunicadores cuánticos mejora algo la situación, pero hablar con desconocidos no permite la integración.

La humanidad es una nebulosa que crece, se difumina y carece de conciencia de unidad.

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11.3) La edad de oro de la Corporación.

El viaje MRL (Más Rápido que la Luz) cambia radicalmente el orden de las cosas. Cuando los viajes se hacen más frecuantes se establecen embajadas, se inician relaciones personales. Se puede ofrecer ayuda a una colonia en apuros, los jefes de estado pueden reunirse y discutir. Finalmente habrá comercio interestelar, viajes de vacaciones, funcionarios y ejecutivos con destinos en otros planetas. La humanidad crece más que nunca, pero ahora lo hace cada vez más unida, de un modo más coordinado.

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11.4) El Desastre, la pesadilla hecha realidad.

Un día cualquiera un planeta cualquiera de la Corporación es destruido. Luego otro, y otro, y otro más. Es la locura; los alienígenas han aparecido, son tecnológicamente superiores y las Fuerzas Armadas Corporativas se ven impotentes ante ellos. Los mundos humanos van cayendo uno tras otro y no es posible enviar las grandes flotas para ayudar a quienes son atacados. Los alienígenas han alterado de un modo desconocido la estructura del hiperespacio y el viaje MRL ya no es posible para los humanos (las naves alien sí pueden trasladarse, pero nadie sabe cómo).

Finalmente los alienígenas, que posiblemente tienen también el defecto humano de la soberbia, cometen un error. Es tan simple como habituarse a tener éxito en todas sus incursiones destructoras, por lo que no toman las debidas precauciones. Unas pocas naves alienígenas atacan otro planeta habitado por humanos. Pero no han investigado antes y esta vez aparecen en el espacio normal justo al lado de una flota estelar de combate de la Corporación. La tecnología extraterrestre es muy superior, pero están en una desventaja de uno a cincuenta y la Corporación logra atrapar una de las naves, abordarla y quedarse con ella.

Sin saber qué hacer, incapaces de averiguar demasiado, salvo cómo reactivar la nave para devolverla a su mundo, deciden cargarla con las armas más potentes y enviarla de regreso. Si se dirige al mundo alien, el sistema solar entero desaparecerá cuando su sol se convierta en una supernova.

Al cabo de poco se terminan los ataques. Nadie vuelve a saber nada de los alienígenas. Pero su legado es el más siniestro: ya no es posible viajar más deprisa que la luz. La civilización empieza a declinar lentamente.

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11.5) El resurgir de un imperio deicida.

De nuevo no podemos contar mucho en este apartado; ya sabes querido lector, que algunas explicaciones no es posible darlas sin chafarte el final del correspondiente libro si algún día decides leerlo. Hemos de ser, pues, parcos y comedidos, pero al menos diremos que la Corporación logra realizar un duro "ajuste de cuentas" por el ataque del apartado anterior. También consigue la tecnología que permite de nuevo viajar más rápido que la luz. La civilización resurgirá y la Corporación se volverá más fuerte que nunca. Sin embargo, el paso del tiempo no es nunca en balde. Han transcurrido muchos siglos y "Corporación" acaba siendo más un nombre heredado del pasado que una realidad. La sociedad se ha expandido, la gente ha cambiado, existe mucha diversidad de fuerzas políticas y sociales. La Corporación poco a poco se va disolviendo en su propio éxito. Nunca ha sido derrotada, pero al cabo de generaciones termina por ser sólo un nombre para algo muy distinto de lo que fueron esas pocas empresas que construyeron un imperio entre las estrellas. La Corporación no fue nunca vencida, sólo se cansó de ser ella misma y se convirtió en muchas más cosas.

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© E. Gallego & G. Sánchez :: Última actualización: 22 de febrero de 2018