Principal

TEXTO 36: El juicio de Orestes (Euménides vv. 583-706 )
Esquilo
Ir a su contexto
Apolo purifica a Orestes con un lechón

(En su huida de las Erinias Orestes se refugia en Atenas, en altar de Atenea. Allí acude Apolo y se celebra un juicio con Apolo de defensor, las Erinias de acusadoras y Atenea de decisora)
ATENEA. Empiezo el juicio. (Al Coro). Tenéis la palabra, porque, al hablar el primero, al comienzo, el acusador, puede informar cumplidamente de los hechos.
CORIFEO. Aunque somos muchas, hablaremos con brevedad. (A Orestes). Contéstame palabra por palabra, cuando te corresponda. Dime, en primer lugar, si mataste a tu madre.
ORESTES. La maté. No es posible negarlo.
CORIFEO. Ésta es ya uno de los tres asaltos.
ORESTES. Esta jactancia tuya la dices a quien todavía no yace en el suelo.
CORIFEO. de todas formas debes decir de qué manera la mataste.
ORESTES. Contesto: saqué la espada y por mi propia mano le corté el cuello.
CORIFEO. ¿Quién te convenció para que lo hicieras? ¿Quién te aconsejó?
ORESTES. (Señalando a Apolo) Los oráculos de éste. Él es mi testigo.
....
ORESTES. Ella tenía sobre sí dos manchas.
CORIFEO. ¿Cómo es eso? Explícalo a los jueces de esta causa.
ORESTES. Al matar a su esposo, en él mató a mi padre.
CORIFEO. ¿Y qué? Tú sigues con vida, en tanto que ella quedó libre de mancha con la muerte.
ORESTES. ¿Por qué, entonces, cuando estaba viva, no la obligaste a ir al destierro?
CORIFEO. Porque no era de su misma sangre el hombre que mató.
ORESTES. ¿Y soy yo de la misma sangre que mi madre?
CORIFEO. ¿Pues con qué otra cosa te nutrió, asesino, cuando estabas dentro de sus entrañas? ¿reniegas de lo que es más querido: la sangre de una madre?
ORESTES. Da ya tu testimonio, Apolo, explícame si yo la maté con justicia; porque no niego que lo hice....
APOLO. Hablaré para vosotros, ese alto tribunal que Atenea ha instituido: la mató justamente. Yo soy un adivino y no voy a mentir. Jamás en mi trono profético hablé sobre un hombre, mujer o ciudad nada que no me ordenara Zeus ...
CORIFEO. ¿Te ordenó Zeus -según dices tú- que anunciaras este oráculo a Orestes: que vengara la muerte de su padre, sin conceder a su madre honor ninguno?
APOLO. Sí, porque no es lo mismo que muera un varón noble, a quien se respeta por el cetro que Zeus le entregó, y además a manos de su esposa, .....
CORIFEO. Zeus -según tus palabras- concede mayor importancia a la muerte de un padre, pero él bien que ató al suyo, al anciano Crono. ¿Cómo no va a haber contradicción entre esto y lo que tú dices? (A los jueces) Yo soy testigo de que vosotros lo estáis oyendo.
Atenea, Orestes y Apolo, con Erinias alrededor

.....
APOLO. También a eso voy a contestar, y entérate de que tengo razón.
No es la que llaman madre la que engendra al hijo, sino que es sólo la nodriza del embrión recién sembrado. Engendra el que fecunda, mientras que ella sólo conserva el brote -sin que por ello dejen de ser extraños entre sí-, con tal de que no se lo malogre una deidad.
Voy a darte una prueba de este aserto. Puede haber padre sin que haya madre. Cerca hay un ejemplo: la hija de Zeus Olímpico. No se crió en las tinieblas de un vientre, pero es un retoño cual ninguna diosa podría parir....
....
ATENEA. Escuchad ya mi ley, pueblo del Ática, en el momento de dictar sentencia en el primer proceso por sangre vertida.
En lo sucesivo y para siempre, el pueblo de Egeo contará con este tribunal para sus jueces: esta colina de Ares (Areopago) sede y campamento de las Amazonas, cuando vinieron en son de guerra por odio a Teseo. Frente a nuestra ciudad levantaron entonces una ciudad nueva y un alto muro frente a nuestras murallas. Aquí ofrendaban sacrificios a Ares, de donde reciben su nombre la roca y colina de Ares. Aquí, el respeto de los ciudadanos, y su hermano el miedo, los disuadirá de cometer injusticia, tanto de día como de noche, mientras que los propios ciudadanos no hagan innovaciones en las leyes. Porque, si contaminas el agua clara con turbias corrientes y fango, jamás hallarás qué beber.
Aconsejo a los ciudadanos que respeten con reverencia lo que no constituye ni anarquía ni despotismo y que no expulsen de la ciudad del todo el temor, pues, ¿qué mortal es justo si no ha temido nada? En cambio, si con temor sentís, como es justo, ese respeto, en ello tendréis un baluarte que vendrá a ser la salvación del país y de la ciudad, como ningún otro pueblo puede tenerlo, ni entre los escitas, ni en las regiones de Pélope.
Establezco este tribunal insobornable, augusto, protector del país y siempre en vela por los que duermen.