Apolo hace una libación. (cáliz ático 480/-470. Delfos, Archaeological Museum).
Origen

La elegía tiene su origen, de una parte, en los discursos de la épica, de los que saca su carácter exhortativo (referida ahora al presente), también viene de la epopeya ciertas descripciones y el lenguaje y la métrica están muy influenciados por ella; pero al tiempo, la elegía tiene una raíz popular que la mayoría de los autores suelen encontrar en los cantos de duelo. Del elogio del muerto pueden derivarse fácilmente la parénesis (exhortación) y las consideraciones morales y las generales sobre la vida. El lugar propio de la elegía era precisamente el canto que se entonaba en el banquete fúnebre, mezcla de duelo y alegría báquica

Metro

La métrica de la elegía, basada en el dístico elegíaco (hexámetro + pentámetro) sugieren esto: al relato o exposición del cantor seguía el lamento del coro. El acompañamiento de flauta introducido en el siglo VII favorece la formación de este tipo de estrofa. Por otra parte, parece haber también relación con cultos como el de Deméter, y con la “locura” (creación poética). Debido a la fuerte influencia de la épica, la elegía es una forma de lírica más elevada y refinada. El dístico facilita la organización del pensamiento en frases breves y equilibradas, a veces a base de antítesis y paralelismos formales y de contenido muy de acuerdo con el estilo y pensamiento arcaicos.

Ocasiones

La elegía es la poesía de la exhortación y la reflexión sobre los temas más diversos: militares, políticos, morales, el sentido de la vida humana; no faltan los himnos a los dioses, los temas autobiográficos ni, en menor medida, la narración. El medio de difusión más común de la elegía fue el banquete, la gran institución aristocrática que favorecía el desarrollo del espíritu de clase; no obstante pueden haber tenido otros lugares de recitación. La elegía pervive en los banquetes, pero muere prácticamente en el siglo IV, en que su contenido acaba por transmitirse a la prosa.

El mundo de la elegía

En resumen, la elegía, nacida de los cantos populares de lamentos y elogios mortuorios, influenciada por la épica, formó un género literario óptimo para expresar todas las necesidades de la nueva sociedad y del nuevo espíritu del mundo en que surge, es decir, el nuevo mundo en el que sobresale la nueva agrupación urbana de la polis, ciudad-estado, donde la industria y el comercio sustituyen a la agricultura y ganadería, lo que crea gran inestabilidad socio-política tras el enriquecimiento de las nuevas clases sociales, y donde también emerge la individualidad, frente al antiguo sentido familiar o tribal. Ante lo efímero de la vida hay dos respuestas: la de disfrutar intensamente del momento presente (carpe diem), o bien superar esta limitación del hombre sintiéndose uno cada vez más consciente de su propia naturaleza y posibilidades.

Poetas

Entre los primitivos elegíacos se pueden citar a Calino de Éfeso y a Tirteo de Esparta (mediados del s. VII), cuyas poesías excitaban al combate a los guerreros y describía con vigorosas imágenes visuales el ardor y el estrépito de la lucha. Hacia principios del s. VI nos encontramos con Solón, legislador de Atenas, quien es de los primeros en hacer poesía política y social, además de diáctica. Muy distinto fue Mimnermo de Colofón, cuyas elegías son fundamentalmente eróticas y ensalzan la juventud, el amor y el goce de los placeres fugitivos de la vida. Pero de todos los elegíacos es Teognis el que nos ha dejado una obra más extensa; poeta aristocrático y pesimista, tiene una visión particularmente amarga de la existencia.