MALHERBOLOGÍA

 

TEMA 8.-       Control químico: herbicidas. Desarrollo histórico. Síntesis. Terminología. Mecanismos de acción en la planta. Comportamiento en el suelo. Selectividad.

 

1) UN POCO DE HISTORIA.-

 

            Los herbicidas son sustancias que inhiben parcial o totalmente a las malas hierbas. La lucha química contra los vegetales indeseables es bastante reciente. A finales del siglo XIX se empezó a utilizar sulfato de cobre para controlar malas hierbas en cereales, y en las décadas siguientes se usaron con este fin otros compuestos inorgánicos (cloruro sódico, sulfato de hierro, arsenito sódico e incluso ácido sulfúrico diluido). No obstante, fue en 1941 cuando se sintetizó el primer herbicida que merece tal nombre, el 2,4-D (ácido 2,4-diclorofenoxiacético), lo que significó el inicio de la Malherbología como ciencia.

 

            El 2,4-D fue sintetizado en EE.UU. por Pokorny, quien trataba de hallar nuevos fungicidas e insecticidas, y resultó un producto ineficaz. En cambio, al poco tiempo se descubrió que el 2,4-D era un regulador del crecimiento vegetal, que podía ser empleado para el control de malas hierbas dicotiledóneas en céspedes. En 1943 se logra sintetizar en Inglaterra otro herbicida, el DNOC, y en 1945 el MCPA. En 1949 se desarrollan los primeros aceites minerales herbicidas, y a partir de la década de 1950, diversas empresas químicas privadas comienzan a sintetizar gran diversidad de herbicidas, muchos de los cuales son de uso corriente en la actualidad.

 

2) SÍNTESIS DE HERBICIDAS.-

 

            La obtención de nuevos compuestos químicos útiles contra las malas hierbas es un proceso laborioso y muy caro. La búsqueda de moléculas herbicidas se puede realizar mediante síntesis al azar (es decir, nuevos compuestos no relacionados con herbicidas ya existentes) o dirigida (añadiendo o sustituyendo radicales o grupos químicos a moléculas ya conocidas como herbicidas). De este modo se obtiene gran cantidad de moléculas, de las que se debe averiguar su actividad herbicida.

 

            En primer lugar se realizan ensayos a muy pequeña escala (ensayos iniciales o de invernadero), con algunas malas hierbas seleccionadas y plantas cultivadas económicamente importantes. Este proceso suele durar dos años, y lo más normal es que termine en fracaso. Hay que desechar muchos miles de compuestos antes de dar con uno realmente efectivo. Los posibles herbicidas que superen estas pruebas pasarán a una segunda fase de primeros ensayos de campo, a mayor escala y durante 2-4 años. Si el compuesto es realmente útil, se pasará a la fase de evaluaciones para el registro y demostraciones: se intentará lograr la aprobación de la administración y se demostrará su efectividad a técnicos y agricultores. Paralelamente se llevarán a cabo los trabajos sobre formulación comercial, para hallar una formulación idónea, fácil de aplicar y con un precio competitivo.

 

            Los herbicidas, al igual que otros fitosanitarios, deben pasar una serie de estudios toxicológicos, para averiguar si son peligrosos para fabricantes, técnicos, consumidores, etc. Se somete a diversos animales de laboratorio a la acción del producto, para tratar de averiguar su toxicidad aguda (la debida al efecto de una sola dosis), bien sea oral (por ingestión), dérmica (por contacto con la piel) o por inhalación (a través de las vías respiratorias). La dosis letal al 50%, o DL50, empleada para la toxicidad aguda oral o dérmica, es la cantidad de producto (en mg de sustancia por kg de animal) necesaria para matar a la mitad de animales utilizados en la prueba. La DL50 por inhalación, o CL50, se expresa en ppm (partes por millón) por volumen de gas o vapor, o bien en mg de sustancia por litro de aire. Se considera que un producto tiene peligro de envenenamiento mortal cuando su DL50 oral es < 50, su DL50 dérmica es < 200 y la DL50 por inhalación es < 200 ppm (ó 2 mg/l).

 

            También es muy importante estudiar los residuos del herbicida, es decir, cuánto persisten en el cultivo, suelo, acuíferos, etc. El seguimiento de los residuos requiere un análisis concienzudo; a veces hay que recurrir al empleo de isótopos radiactivos para marcar el producto y poder rastrearlo.

 

3) TERMINOLOGÍA.-

 

            Los herbicidas se designan por medio de tres nombres:

 

            - Científico: Describe la estructura química del herbicida o de su ingrediente activo. Se ajusta a las reglas de nomenclatura química establecidas.

 

            - Común: Es un término corto para denominar al herbicida o su ingrediente activo, de acuerdo con la International Organization for Standardization. Suelen estar en inglés, aunque a veces se pueden adaptar al idioma del país donde se aplican (ej: gliphosate --> glifosato).

 

            - Comercial: Es el usado por las compañías químicas o distribuidoras para darlos a conocer a los compradores. Un mismo producto, con un nombre científico y otro común, puede tener varios nombres comerciales si es fabricado por distintas empresas. Por ejemplo, la 2-cloro-4,6-bis(etilamino)-s-triazina (n. científico) o simazina (n. común) se comercializa como Agrecina, Aquazine-80W, Betazina, Ermazina, Gesatop, Princep-80W, Primatol, Simazine 4G, Simanex, etc.

 

            Cuando una compañía desarrolla un producto, lo patenta con un nombre común y otro comercial. Cuando expira la patente, otras compañías pueden fabricarlo con otros nombres comerciales. Para más detalles, se recomienda la consulta de bibliografía especializada, sobre todo el Vademécum de productos fitosanitarios de Carlos de Liñán.

 

4) CLASIFICACIÓN DE LOS HERBICIDAS.-

 

            Los criterios de clasificación son varios (fig. 1):

 

4.1) Por sus principales usos.

 

            Los herbicidas se pueden clasificar según los cultivos donde se apliquen. Estas clasificaciones son útiles a modo de catálogo para hallar soluciones a problemas concretos.

 

4.2) Por el método de aplicación.

 

            Según el momento de aplicación se distinguen:

 

            - De presiembra: se aplican antes de la siembra del cultivo.

 

            - De preemergencia: se aplican entre la siembra del cultivo y su emergencia (en cultivos arbóreos, la preemergencia se refiere sólo a las malas hierbas).

 

            - De postemergencia: se aplican después de la emergencia del cultivo, bien en sus primeras fases (temprana) o después (tardía).

 

            - De prerrecolección: son tratamientos muy tardíos, para controlar malas hierbas perennes o acelerar la desecación del cultivo.

 

            Según la extensión de la aplicación se distinguen:

 

            - Extensivos: se aplican a toda el área del cultivo.

 

            - En bandas: Se aplican entre dos surcos o hileras de árboles.

 

            - En manchas o dirigidos: Se aplican en zonas muy localizadas del cultivo, normalmente para acabar con un rodal de malas hierbas.

 

            Según la dirección o destino del herbicida, se tiene:

 

            - De acción foliar: Se aplican en postemergencia para ser absorbidos por las partes aéreas de las plantas.

 

            - De suelo: Se añaden al terreno para que actúen desde éste.

 

            - Inyectados: Se incorporan a cierta profundidad mediante dispositivos mecánicos de inyección. Son poco frecuentes.

 

4.3) Por su comportamiento en la planta.

 

            Los herbicidas son selectivos cuando inhiben a unas plantas mejor que a otras, y no selectivos o totales cuando afectan a todas las especies.

 

            Según su modo de translocación por la planta se habla de herbicidas apoplásticos (por el xilema), simplásticos (por el floema), de translocación ambivalente o total (por floema y xilema) O de contacto (no se translocan, sino que actúan en el sitio de contacto).

 

            En cuanto a su mecanismo de acción, los herbicidas pueden ser hormonales (reguladores del crecimiento), inhibidores de la fotosíntesis o inhibidores de la mitosis.

 

4.4) Por su comportamiento en el suelo.

 

            La persistencia de los herbicidas en el suelo puede variar mucho. Los hay poco persistentes (duran 1-2 meses), de persistencia media (son activos al menos la mitad del ciclo del cultivo), persistentes (actúan durante todo el cultivo y parte de la postrecolección) y de largo poder residual (un año o más; se utilizan sólo para aplicaciones industriales).

 

            Por su movilidad en el suelo, los herbicidas se clasifican en muy lixiviables, de lixiviación media o poco o nada lixiviables.

 

4.5) Por su estructura química.

 

            En el tema 9 se muestran las fórmulas de las principales familias de herbicidas.

 

5) ACCIÓN DE LOS HERBICIDAS EN LAS PLANTAS.-

 

5.1) Entrada en la planta.

 

            La absorción de los herbicidas de acción foliar puede ser condicionada por la morfología de la planta, lo que explica en ciertos casos su selectividad. Por ejemplo, las especies con gran cobertura foliar absorberán el herbicida antes que otras plantas con hojas menos desarrolladas. Las especies con hojas erectas retienen menos líquidos que las que presentan hojas dispuestas horizontalmente. La rugosidad de la hoja, la presencia de pelos hidrófobos, ceras, etc., también influyen en la asimilación del herbicida. Las plantas jóvenes suelen ser más endebles y estar menos protegidas que las adultas, por lo que son más sensibles a los herbicidas.

 

            En el caso de las plantas que presenten una capa de cera epicuticular, es necesario añadir un mojante para reducir la tensión superficial del agua y que la superficie de contacto de las gotas de herbicida aumente. También es interesante aplicar los herbicidas con equipos que los pulvericen en gotas de muy pequeño tamaño, ya que así se logra mayor superficie de contacto por unidad de volumen. Finalmente, los factores ambientales como la lluvia o el viento pueden lavar y eliminar el herbicida antes de que sea absorbido, o bien lo redistribuyen por la planta.

 

            En las hojas, los herbicidas suelen penetrar filtrándose a través de la cutícula o bien por los estomas (aunque esto último es difícil a veces: muchas dicotiledóneas tienen los estomas sobre todo en el envés foliar, mientras que el herbicida suele aplicarse en el haz). La absorción por la raíz tiene menos problemas, ya que los herbicidas se incorporan a la solución del suelo. Algunos herbicidas pueden penetrar también a través de los tallos jóvenes, que tienen la cutícula poco desarrollada (en plántulas de gramíneas, por ejemplo). En cualquier caso, una vez dentro de la planta los herbicidas se translocarán por vía apoplástica (xilema), simplástica (floema) o ambas, a menos que sea un herbicida de contacto, no translocable.

 

5.2) Mecanismos de acción.

 

            Los herbicidas interfieren el metabolismo de las plantas de diversas maneras:

 

            - Solubilización de las membranas celulares: Mediante este mecanismo, los aceites herbicidas alteran la permeabilidad selectiva de las membranas, o bien las deterioran, lo que provoca la muerte de las células.

 

            - Inhibición de la fotosíntesis: Muchos herbicidas actúan sobre la reacción de Hill (fase luminosa de la fotosíntesis). Esto supone que la planta no puede acumular reservas, aunque la acción de los herbicidas trae consigo otros problemas que eliminarán a la planta antes de que tenga tiempo de morirse de hambre. Muchos de estos productos desvían a los electrones de las cadenas de transporte en el cloroplasto y se acaban formando radicales de oxígeno muy reactivos que destruyen la clorofila, así como las membranas celulares. Además, provocan la destrucción de los carotenoides, y la energía no recibida por éstos se transfiere a moléculas de oxígeno, a partir de las que se formarán radicales sencillos de oxígeno que pueden destruir más membranas. En resumen: aunque estos herbicidas actúen sobre la fotosíntesis, su efecto más rápido y letal suele ser una alteración de la permeabilidad celular por destrucción de membranas.

 

            - Inhibición de la respiración: Hay herbicidas que actúan a nivel mitocondrial, inhibiendo el transporte de electrones o desacoplando la fosforilación oxidativa. Al final se dificulta o impide la formación de ATP, por lo que las células sufren falta de energía y mueren.

 

            - Inhibidores del metabolismo de ácidos nucleicos y proteínas: Muchos herbicidas del grupo anterior (inhibidores de la fosforilación oxidativa) suelen alterar la síntesis de ARN y de proteínas, no sólo en el núcleo, sino en cloroplastos o mitocondrias, donde también hay ácidos nucleicos. En los tejidos meristemáticos, de crecimiento activo, esto suele manifestarse en una inhibición de la mitosis, especialmente en metafase. Existen herbicidas que inhiben específicamente el crecimiento radicular, o bien el de tallos jóvenes.

 

            - Mecanismos atípicos de acción: Algunos herbicidas, como las sales o ácidos inorgánicos, provocan cambios bruscos en el pH, desarreglos osmóticos o bien precipitación de proteínas, lo que supone una rápida destrucción del citoplasma. En muchos casos se desconoce el mecanismo concreto de acción de estos productos.

 

5.3) Detoxificación y residuos.

 

            Los herbicidas no mantienen eternamente su actividad, sino que son detoxificados por diversos mecanismos, bien por la acción de los factores ambientales, o bien porque son destruidos por las plantas.

 

            Los herbicidas pueden perderse por lavado del agua de lluvia, volatilización o fotodescomposición. Además de estos mecanismos, las plantas pueden defenderse eliminándolos en sus exudados, o bien degradándolos químicamente. Para esto último disponen de una serie de enzimas que pueden provocar en las moléculas del herbicida reacciones de oxidación, descarboxilación, hidrólisis, hidrolización, conjugación, desalquilación o incluso rotura de anillos moleculares. Con esto se logra convertir un producto tóxico en compuestos inofensivos.

 

            El caso contrario, es decir, la persistencia de los herbicidas, también supone un problema, ya que los residuos de fitosanitarios pueden suponer un riesgo para la salud humana, los ecosistemas naturales, los acuíferos, etc. Por fortuna, los residuos de herbicidas en frutas, hortalizas o restos de cosecha no suelen ser muy elevados. Esto se debe a que los herbicidas se aplican normalmente a bajas concentraciones y varios meses antes de la recolección. Por tanto, se dispone de tiempo para que el compuesto se degrade.

 

            La persistencia de los herbicidas en el suelo puede causar problemas al agricultor. Hay herbicidas (ej: arsénico, borato, clorato, fenac o tebutiurón) con una persistencia muy alta, que puede superar los 12 meses. Los nuevos cultivos que se planten en el terreno pueden sufrir daños que en principio se antojan inexplicables, pero que están causados por la acción residual de estos productos.

 

6) COMPORTAMIENTO DE LOS HERBICIDAS EN EL SUELO.-

 

            Aproximadamente 2/3 de los herbicidas empleados son activos a través del suelo. La mayoría se aplica en presiembra o preemergencia, más raramente en postemergencia. El producto se suele distribuir en los 6 cm superficiales del suelo, donde están las semillas de las malas hierbas anuales y los órganos de resistencia de las perennes.

 

            Los herbicidas de suelo se pueden incorporar a éste con la ayuda de medios mecánicos, o bien distribuyéndolos sobre la superficie. En este último caso, se requiere la acción de la lluvia para penetrar en profundidad (lixiviación) y convertirse en activos. Por otro lado, muchos factores ambientales influyen en la actividad de los herbicidas: temperatura, pluviometría, características edáficas, formulación del producto, etc.

 

            En el suelo, los herbicidas pierden su efectividad por diversas causas: volatilización (evaporación y pérdida en la atmósfera), fotodescomposición (hay herbicidas que se descomponen por la acción de la luz UV), degradación microbiana (ya se sabe que hay bacterias y hongos capaces de romper casi cualquier molécula orgánica), degradación química (en determinadas circunstancias, pueden ocurrir en el suelo reacciones que inactiven los herbicidas) o absorción por las plantas (éstas pueden tomar los herbicidas del suelo y degradarlos).

7) SELECTIVIDAD DE LOS HERBICIDAS.-

 

            Los herbicidas selectivos son los que atacan en concreto a ciertas especies vegetales. A veces, un herbicida no selectivo puede actuar selectivamente si se aplica de la manera adecuada (Fig. 2). Además, diversos factores afectan a la selectividad.

 

            Las características de las plantas influyen en la actividad de los herbicidas. Por ejemplo, la edad y porte: las plantas jóvenes son más sensibles que las adultas (tal vez porque poseen menos barreras físicas y más células dividiéndose activamente), y las anuales más que las perennes. La morfología del vegetal también influye en la selectividad: inclinación de la hoja, grosor de la cutícula, pilosidad, localización de los meristemos (por ejemplo, en las gramíneas están a ras de suelo, más protegidos que en las dicotiledóneas), tamaño de la semilla y sistema radicular (las especies que explotan la capa más superficial del suelo son más sensibles a los herbicidas que las que profundizan más), etc. La fisiología y bioquímica de cada planta también influye en la selectividad (capacidad de translocar el herbicida, de detoxificarlo o bien de sucumbir ante él, etc.). Y, por supuesto, hay factores hereditarios que otorgan a ciertas plantas resistencia frente a herbicidas.

 

            Los tratamientos herbicidas también influyen en la selectividad: concentración o dosis, formulación del herbicida o tipo de aplicación (a veces, las malas hierbas pueden recibir selectivamente el herbicida, ya que tienen un porte distinto a las plantas cultivadas, o se disponen en los surcos del cultivo; véase la fig. 2). Y los factores ambientales, como se dijo antes, también influyen en la actividad del herbicida.

 

            Además, una forma de lograr selectividad es proteger a las plantas cultivadas de la acción de los herbicidas mediante antídotos (en inglés: herbicide safeners, protectants; no se deben confundir con los herbicide extenders o prolongadores, que retrasan la descomposición microbiana de los herbicidas en el suelo y prolongan su actividad).

 

8) RESISTENCIA A HERBICIDAS.-

 

            Ya en 1957 se detectó en Estados Unidos la resistencia de Daucus carota al 2,4-D, y este fenómeno ha ido progresando con el tiempo. En el año 2003 se conocen 275 biotipos resistentes de 165 especies (98 dicotiledóneas y 67 monocotiledóneas) sobre una prospección de más de 210 mil campos en todo el mundo. En 1997 por lo menos había biotipos resistentes a herbicidas de 52 especies de malas hierbas en Europa, 23 en Estados unidos y 38 en el resto del mundo. En España, según datos del Dr. Heap (http://www.weedscience.com) se conocen 27 biotipos resistentes en 24 especies desde 1981 (el primero en detectarse fue Panicum dichotomiflorum que presenta resistencia a herbicidas inhibidores del fotosistema II). Probablemente, esta estimación se queda corta ya que la bibliografía española específica está reportando continuamente nuevos casos de resistencias (ver Fig. 3). Uno de los últimos casos encontrados corresponde a Aster squamatus, del que se han encontrado ya poblaciones en zonas de no cultivo de Carmona (Sevilla) que son resistentes a imazapir (un herbicida imidazolinona que empleado en malas hierbas del cultivo del guisante, que actúa como inhibidor de la acetolactato-sintasa, ASL, inhibiendo la síntesis de aminoácidos).

 

            En España, los primeros biotipos resistentes detectados fueron malas hierbas de zonas cerealistas y olivareras resistentes a la atrazina y la simazina (inhibidores del fotosistema II). Posteriormente han ido apareciendo resistencias a los graminicidas, sobre todo en zonas cerealistas.

 

            Según de Prado & Osuna (1999) la resistencia a herbicidas está asociada a: alta eficacia del herbicida, uso frecuente del mismo herbicida y/o herbicidas con el mismo modo de acción, uso de herbicidas con larga persistencia y/o actividad en suelo. A esto debe sumarse el ‘efecto especie’: las poblaciones de muchas de las especies de malas hierbas que acaban desarrollando resistencias, son genéticamente polimorfas y presentan una alta frecuencia de genes resistentes, lo que favorece un rápido proceso de selección de individuos resistentes. Se recomienda vivamente al alumno que lea el artículo correspondiente suministrado como información complementaria.

 

La pregunta que cabe formularse ahora es: ¿cómo podemos saber o sospechar que estamos ante un caso de resistencia a herbicidas?. Generalmente cuando observamos estas evidencias:

 

1-Algunas poblaciones de malas hierbas, que eran fácilmente controlables en el pasado, no responden del mismo modo al herbicida usado habitualmente, mientras que otras poblaciones de la misma especie, en otros campos de cultivo más o menos próximos, son controladas eficazmente con la misma sustancia.

 

2-Cuando el fallo en el control no puede atribuirse a un manejo erróneo del herbicida (elección equivocada, dosis inapropiadas, no-uso de co-adyuvantes recomendados, empleo de sustancias antagónicas, etc.), a factores ambientales o meteorológicos adversos (grado de humedad, pH, niveles de materia orgánica inadecuados, degradación por microflora edáfica, etc.) o a que han germinado individuos después del tratamiento (en herbicidas de post-emergencia).

 

3-Cuando los individuos que escapan al control se disponen en forma de pequeñas manchas en el campo, y no en franjas o líneas que siguen la dirección del tratamiento.

 

4-Cuando se trata de parcelas sometidas de modo continuado al mismo herbicida (o mezclas) y/o se ha instalado tradicionalmente un monocultivo.

 

Cuando se ha detectado el campo o campos sospechosos de contener poblaciones resistentes se deben recoger muestras de plántulas (para ensayos rápidos de crecimiento) o, mejor, de semillas maduras en buen estado para realizar ensayos posteriores en laboratorio y en campo.

 

De modo resumido, puede decirse que, generalmente, la adquisición de resistencia se puede deber a:

 

            - Pérdida de la afinidad del herbicida por su sitio de acción en la planta.

            - Reducción de la concentración del herbicida en el sitio de acción (la mala hierba puede acumularlo en zonas seguras, metabólicamente inactivas).

            - Detoxificación del herbicida por parte de la mala hierba.

 

            Es importante destacar que estos problemas de resistencia pueden ser paliados mediante métodos de control integrado (véase el tema 10).

 

9) FORMULACIÓN Y APLICACIÓN DE LOS HERBICIDAS.-

 

            Los herbicidas nunca se aplican tal como fueron sintetizados en la industria, sino mezclados con otros productos. El resultado final es la formulación herbicida, que es la que se comercializa. Normalmente, la formulación debe ser diluida en agua para poder ser aplicada en el cultivo. Un mismo herbicida se puede formular de distintas maneras. Las principales formulaciones son:

 

            - Soluciones: El herbicida aparece en disolución. El solvente suele ser agua.

            - Concentrados emulsionables: Son formulaciones líquidas que, al mezclarse con agua, dan lugar a una emulsión (ambos líquidos son inmiscibles, pero uno de ellos forma diminutas gotitas que quedan en suspensión). A veces se requiere agitación u otros procedimientos para evitar que los dos líquidos se separen.

            - Polvos mojables: Son formulaciones secas de muy pequeño tamaño de partícula. Se añaden al agua y quedan en suspensión, por lo que se requiere agitación para que el producto se aplique correctamente.

            - Polvos solubles: En este caso, se disuelven al añadirlos al agua. Una vez lograda su disolución, no se requiere agitación adicional.

            - Floables: Son polvos mojables muy finamente molidos, que se comercializan como una solución espesa en un líquido, al que luego habrá que añadir agua. Requieren agitación moderada.

            - Gránulos: El herbicida se une a partículas de arcilla o materiales porosos (cáscaras de nuez, carozos de maíz) de un tamaño estándar. Estos gránulos se aplican al suelo.

 

            Los coadyuvantes son sustancias que se añaden a los herbicidas, bien en su formulación o a la hora de aplicarlos, para mejorar sus propiedades físicas y químicas. Destacan los mojantes (reducen la tensión superficial, por lo que el herbicida se extiende mejor sobre la cutícula vegetal), los adherentes (permiten que el herbicida se adhiera mejor a la planta), aceites vegetales (incrementan la acción foliar de algunos herbicidas, al favorecer su absorción por la planta y alterar las membranas celulares) y agentes antiespuma.

 

            Hay herbicidas, como otros productos fitosanitarios, que pueden mezclarse entre sí; en este caso, se dice que son compatibles. En otros casos, los productos son incompatibles y su mezcla no es aconsejable. Por ejemplo, puede que las formulaciones de los productos no se mezclen, y se obtengan precipitados. O que se combine, dando un compuesto diferente y de acción imprevisible. O que sus mecanismos de acción interfieran entre sí. En general, cuando la mezcla de productos tiene un efecto menor que la de los productos individuales, se dice que existe antagonismo. El caso contrario, un efecto acumulativo mayor del esperado, se denomina sinergismo.

 

            También es importante guardar precauciones a la hora de aplicar herbicidas, para evitar accidentes en los operarios o agricultores. Estos percances se suelen deber tanto a la inexperiencia como al exceso de confianza, y pueden evitarse con unas precauciones básicas, sobre todo utilizando un vestuario adecuado. Ya se sabe que es un martirio, sobre todo en verano, llevar puesto el mono de trabajo, los guantes y botas de goma y, si es necesario, una mascarilla, pero se debe evitar el contacto del herbicida con la piel, así como la inhalación de sus vapores. La ropa manchada con herbicida debe ser lavada lo antes posible, y no dejársela puesta un día tras otro. También se debe disponer de alguna ducha o lavabo por si se entra en contacto accidentalmente con el herbicida. Y, por supuesto, para evitar la inhalación o ingestión de producto, es mejor no beber, comer ni fumar mientras se está aplicando un herbicida. Esto último puede parecer una exageración, ya que las cantidades absorbidas de herbicida son mínimas, pero su efecto acumulativo, en plan crónico, puede dar un susto el día menos pensado.

 

            Cuando se ha terminado de aplicar un herbicida, la solución remanente en el tanque se deberá pulverizar en algún terreno baldío, donde no suponga peligro de contaminación, y el equipo se deberá lavar a conciencia. En caso contrario, podrían quedar restos en los filtros o boquillas que pudieran causar problemas en próximas aplicaciones. Por supuesto, la limpieza y desatascado no se debe hacer con las manos desnudas ni soplando. Para más detalles, se recomienda al alumno que revise las precauciones que se han de tomar al aplicar un fitosanitario, explicadas en las asignaturas de Fitopatología o Protección. En cuanto a los equipos de aplicación de herbicidas, se recomienda al alumno la lectura del libro de GARCÍA TORRES & FERNÁNDEZ-QUINTANILLA (1991), citado en la bibliografía, donde se muestran con gran detalle.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

de Prado, R. & Osuna, M.D. 1999. Resistencia a herbicidas. Detección en Campo y Laboratorio. Congreso 1999 de la SEMh, pp. 435-440. Logroño.