La reina de las setas mortales es
Amanita
phalloides ,
la oronja verde (otras amanitas mortales son A. virosa y A. verna,
ambas de color blanco). El veneno contenido en un solo ejemplar puede matar a un
ser humano. También presentan las mismas toxinas los pequeños parasoles (menos de
5 cm de diámetro, color blanco y sombrero con escamas) de ciertas especies de Lepiota,
como L. brunneoincarnata o Lepiota
boudieri . Asimismo,
son muy peligrosas ciertas setas pequeñas que aparecen en la madera o sobre piñas,
como Galerina marginata .
Las principales toxinas responsables del envenenamiento son las amatoxinas;
de ellas, la más peligrosa es la
alfa-amanitina, un ciclopéptido formado por 8 aminoácidos. Hay más implicadas, pero nos
centraremos en esa. Su DL50 (dosis letal para la mitad de los animales de prueba)
es de 0,1 mg por kg de peso. Veamos lo que es capaz de hacerle a un cuerpo humano.
Supongamos que usted se ha zampado un plato de Amanita phalloides. Es una seta
sabrosa, y para asegurarse de que era comestible le ha hecho la prueba del ajo. Además,
el veneno se habrá destruido por el calor al cocinar, ¿verdad? Todo perfecto.
Los primeros síntomas tardarán en aparecer. De 8 a 9 horas, más o menos, y lo harán
a lo grande: tendrá usted una diarrea tremenda, coleriforme. También puede que le duela
la tripa, como en un cólico, y sude profusamente. Si acude corriendo al hospital, lo
diagnostican bien y lo tratan, se salvará y probablemente no le queden secuelas. Pero
supongamos que eso no ocurre, y tras un lavado de estómago y una rehidratación le alivien
los síntomas y se encuentre mejor. O puede que por vergüenza haya decidido usted no ir al
hospital, e intente curarse la diarrea en casa, tomando líquidos y todo eso. Habrá sido un
empacho, piensa. Ya pasará.
Es probable que se sienta usted mejor. Los síntomas han remitido. Sin embargo, el episodio
intestinal sólo ha sido el preludio del drama. La amanitina sigue ahí. El calor de la cocción
no la ha destruido. El lavado de estómago no ha acabado con toda la que ha tragado usted. Una
cierta cantidad ha tenido tiempo de sobra para abandonar el intestino y circular por sus venas.
Está intentando entrar en su principal órgano diana.
El hígado.
Las células de su hígado, como las del resto del cuerpo, almacenan la información genética en
el ADN del núcleo. Las instrucciones del ADN se transcriben en otra molécula, el
ARN mensajero (ARNm), que se encargará de llevarlas a los ribosomas para fabricar
las proteínas necesarias para la vida. Para que el ADN se transcriba en ARNm hacen falta ciertas
enzimas, como la ARN
polimerasa II. Sin ellas, el mecanismo genético de la célula se para.
Las amanitinas bloquean la ARN polimerasa II. Sin poder fabricar proteínas, las células de su
hígado empezarán a morir, una tras otra. Una vez que la toxina ha llegado al interior de la célula,
ya no hay nada que hacer. Al cabo de 36 a 48 horas volverá usted al hospital, con ictericia y el
hígado hinchado. Y quizás con hemorragias. O en coma.
Puede que lo salven y no queden secuelas. Depende de cuántas setas haya comido, que las toxinas
no hayan atacado también a sus riñones y los médicos puedan forzarlos a ir eliminando la alfa-amanitina
que haya en la sangre antes de que entre en las células. Quizá tenga que recibir un trasplante de hígado.
O quizás averigüe usted por fin, tras una larga agonía, si existe otra vida después de la muerte.
En España, aproximadamente el 30% de las intoxicaciones por setas se deben al consumo de especies
hepatotóxicas. En torno al 7% de estos casos, el desenlace es fatal. No se juegue la vida tontamente.
Para terminar, y como curiosidad, podemos citar el curioso caso de un
asesino
en serie que intentó utilizar esta seta para matar a sus víctimas. La realidad supera a la ficción...
VOLVER A LA PÁGINA DE TOXICIDAD DE LAS SETAS
|